¿ES POSIBLE EDUCAR SIN GRITAR?
Educar es una tarea difícil y agotadora, al educar es usual no obtener los resultados esperados o planificados. El cansancio, la falta de tiempo y las características únicas de cada hijo suelen ser las causas del fracaso de la planificación al momento de educar.
El optar por el
uso de violencia verbal o física, puede llevar a obtener resultados a corto
plazo, pero lo cierto es que estás técnicas son contraproducentes.
El hecho de que estas técnicas sean
contraproducentes y al mismo tiempo tan usuales, nos compromete a realizar
algunas aclaraciones y plantearnos en primer lugar la siguiente pregunta:
¿Por
qué gritamos?
La violencia
verbal, sean los gritos o también llamados “levantamientos de voz”, constituyen
un recurso al cual recurrimos para educar por sus supuestas ventajas:
·
Es sencillo de
utilizar.
·
Es rápido.
·
No requiere de un
desgaste intelectual para su uso.
·
Consigue su
objetivo a corto plazo, consiguiendo la atención del hijo.
·
Infunde un
carácter de autoridad al que lo utiliza.
·
Le confiere mayor
importancia a la situación que ha causado el grito.
Debemos ponderar
los supuestos “beneficios” del uso de violencia verbal con los perjuicios que
pueden ocasionar, para esto debemos definir los tipos violencia verbal, lo cual
nos lleva a la siguiente pregunta:
¿Qué
se considera violencia verbal?
Nombraremos
a grandes rasgos los tipos de violencia verbal y las formas en las que se
presentan, entre ellas encontramos las acusaciones
y culpas, Palabras degradantes, el bloqueo del diálogo, te juicios y críticas, ser
trivializado, amenazas, recibir órdenes no equitativas, «Cosificación», Gritos
e insultos y las reacciones ante reproches.
Para una descripción más
profunda de estas manifestaciones de violencia Verbal, puedes visitar nuestra
publicación “¿CÓMO IDENTIFICAR LA
VIOLENCIA VERBAL?”
¿Qué
perjuicios ocasiona educar con gritos?
El gritar no se
debe utilizar como un recurso educativo y solamente es excusable, cuando de
forma instintiva lo usamos ante una amenaza o peligro, por ejemplo cuando el
niño corre por la vereda hacia la pista; es normal que gritemos para alarmarlo
y conseguir que se pare antes de exponerse al peligro de ser atropellado.
Los perjuicios que
produce cuando se utiliza como recurso educativo habitual son múltiples e
importantes:
- En niños pequeños, que todavía se están desarrollando, las investigaciones han demostrado que perjudica y altera el sistema nervioso, pudiendo producir afecciones importantes a larga distancia en la maduración del mismo.
- Los niños aprenden de esta forma de actuar de sus padres, que es un recurso útil, eficaz y válido ante conflictos y situaciones que requieren intervención, por lo que es altamente probable que comiencen a utilizarlo.
- Los gritos pierden su efecto de posible modificador de conducta en el momento que se utilizan de forma repetida, ya que el niño se habitúa, y se convierte paulatinamente en alguien que los usa y no sabe hablar en un tono normal.
- Evidencia
negativamente nuestra capacidad de control de impulsos, con lo que el ejemplo
que le damos, no es nada bueno.
- Utilizar los
gritos de forma repetida lo único que consigue es mantener al niño en un estado
de estrés y
de nerviosismo, completamente perjudicial para su desarrollo.
- Puede llegar a
considerarse una forma de maltrato infantil, y esto sí tiene repercusiones en
la personalidad del niño.
- Según estudios, un
método educativo que utiliza de forma continua los gritos, puede desencadenar
en el futuro del niño problemas de salud mental como la depresión y
la adicción a sustancias y alcohol.
- El uso de los
gritos también hace que nos estresemos y nos pongamos nerviosos nosotros, los
padres, con lo que a veces se puede convertir en una espiral difícil de
contener o de escapar de ella.
- Los niños se acostumbran a obedecer solo cuando se les grita, para ello, antes les repetiremos inútilmente las cosas, y en la última gritaremos. Al cabo de un tiempo esto arrastra a los padres, y para evitar las inútiles repeticiones gritarán cada vez que deseen algo del niño. ¿Les parece adecuado el sistema?
La labor de los
padres depende de la constancia, y
no de los gritos.
Se puede ver en el
juego de los niños, como se reflejan las conductas que aprenden de los que les
rodean. Cuando un hijo juega castigando o gritando a sus muñecos, no suele ser
un buen síntoma.
Está claro que no
vamos a poder controlar todas las influencias que reciben nuestros hijos a lo
largo de su vida y de su desarrollo, y que son las que van conformándole como
persona y generando su carácter y su personalidad. Pero lo que también está
claro es que aquellas que sí podemos controlar son precisamente nuestras
influencias, y dependen exclusivamente de nosotros.
Consejos
alternativos al uso de los gritos
Es
muy difícil detener un grito cuando surge de forma instintiva, pero en
ocasiones los usamos a menudo y acabamos por convertirlos en un hábito. Éste
hábito sí es controlable y extinguible, y depende de nuestra capacidad para
educar de otras formas, el que lo erradiquemos de nuestro repertorio como
padres.
Algunos consejos
que pueden ayudar a evitar su uso son los siguientes:
·
- Antes de dar el grito, aunque el niño haya roto algo de la casa, le haya pegado al hermano o cualquier otra situación, paren un segundo y reflexionen, pónganse en el punto de vista del niño y buscar los motivos de su actuación. A lo mejor desde su posición como padres no es justificable su actuar, pero sí desde la suya, y hay que tener en cuenta que los niños viven el “aquí y ahora” sin contemplar las consecuencias. Esto debe tenerse en cuenta para valorar sus actos, e intentar, siempre de forma relajada, acercar su punto de vista al nuestro y viceversa.
- En la mayoría de los casos serán dos, el padre y la madre. Es una enorme ventaja, ya que hay veces que uno tuvo un mal día y a lo mejor el otro está más relajado. Utilicen esto en su favor. Que actúe el que está más tranquilo y que éste sea el que saque de la situación al otro hasta que se calme.
- Planifiquen y
hablen bien las cosas entre Ustedes. Necesitan saber cuáles son los límites y
las normas que proponen en su casa, la alianza y la unión entre los dos
miembros de la pareja es fundamental.
- Con todo esto no
quiero decir que haya que ser permisivo, que sería lo contrario a aquel que
utiliza constantemente los gritos, autoritario. La permisividad y la pasividad
tan poco son buenos ayudantes. El mejor es el estilo parental democrático.
- Nuestros hijos son
personas y como tales, merecen ser escuchados con atención antes de
reprocharles nada. Esto además les enseña, que para la solución de conflictos,
un método válido es el diálogo.
- Susurrarles o hablar en voz baja les puede desconcertar, y
ayudará a que se motiven a prestar atención.
- No tenemos por qué
tener siempre la verdad absoluta de todo solo por ser padres. Por ello, cuando
nos equivocamos, aunque nuestro hijo sea muy pequeño, es bueno reconocerlo
delante de él y que nos preste atención. Le enseñamos a reconocer errores.
- Para conseguir que
tu hijo te obedezca, lo más adecuado es motivar, reforzar con elogios todo
aquello que hace bien, corregir con el diálogo todo lo que hace mal y enseñarle
siempre cuál es la forma correcta de hacerlo. Está claro que esto, en
ocasiones, es mucho más cansado que alzarle la voz en un momento determinado,
pero las consecuencias son mucho peores.
- canaliza tu frustración, ira o tu rabia en otra actividad que sea más
útil que gritarles. Haz deporte, es una actividad que te beneficiará a ti y a
ellos, o bien busca otras actividades que te sirvan.

